Este blog duda que la iglesia se plantee cobrar impuestos regulares a sus fieles para mantener el negocio. Sería un detalle por parte de sus mandamases optar por la autofinanciación y dejar de financiarse con los impuestos de los ciudadanos, sean o no creyentes.
Muchos son los millones de euros que dejan de ingresar las arcas del Estado por los acuerdos firmados en el año 1979 y que eximen a la iglesia del pago de impuestos. Pero los privilegios no terminan aquí, el Estado también paga una parte de los sueldos de curas, obispos, así como de profesores de religión, financiando también a colegios controlados por ellos mismos.
En una complicada situación económica como la que sufren en la actualidad los Ayuntamientos, pocos son los alcaldes que han solicitado que la Iglesia pague impuestos (IBI) como hace cualquier otro negocio.
Curiosamente alcaldes que pertenecen a partidos de izquierda, todavía no han dado el paso de solicitar el “religioso pago del IBI”, y probablemente ni se lo plantean.
Incapaces de enfrentarse “al poder” eclesiástico, sí son capaces de presentar argumentos ante la ciudadanía, calificando la decisión de este cobro como demagogia política, que no sacará a los Ayuntamientos de pobres.
Estos personajes -supuestamente de izquierdas- merecen la misma credibilidad política, que aquel curandero que afirmaba que para evitar los incontrolables ataques de tos, hay que rascarse las ingles.