PostHeaderIcon POR LA BOCA MUERE EL PEZ

Algunas instituciones públicas de nuestro país invierten parte de  sus presupuestos (previamente recaudados al contribuyente en forma de impuestos),  en estudios de vital importancia para, sin duda, mejorar el presente y  el futuro de nuestra calidad de vida.
 

Con el ánimo de conocer mejor nuestra sociedad, he decidido hacer también un estudio de suma trascendencia, que aportará su granito de arena ayudando a mejorar nuestra falta de cultura higiénica.
 

Salimos un soleado día a media mañana por el centro de una importante ciudad, a preguntar a las personas la siguiente pregunta:
 

¿Cuántas veces se lava usted los dientes al día?
 

Fueron concretamente 45 personas a las que preguntamos. De todas ellas sólo una chica y un chico cercanos a la cuarentena dijeron que lo hacían después de cada comida; es más, él nos enseño su cepillo de dientes que llevaba dentro de su bolsa.Por edades, los instalados en la categoría de jubilados, ninguno de ellos se lavaba los dientes, claro que algunos de ellos tenían excusa, utilizaban dentadura postiza. Eso sí encontramos varios casos en que podemos asegurar que la higiene la tenían garantizada, pues el olor a alcohol que desprendían era extraordinario.
 

En el sector de aquí a nada me jubilan, sólo las mujeres a las que preguntamos practicaban tan sano hábito. Los hombres ni tenían cepillo en casa.
 

Tanto las chicas como los chicos en edad de independizarse pero no hay pelas para hacerlo, no sólo lo hacían entre una y tres veces, sino también cada año pasaban por su dentista para hacerse una higiene. Este grupo se caracterizaba porque ninguno de ellos iba en bici, pero todos olían estupendamente.
 

Los felizmente deprimidos o  adolescentes, no tenían tiempo de lavarse los dientes. Eso sí, van cargados de chicles anticáries y algún que otro tipo de goma no precisamente de mascar.
 

El sector infantil fue el más agradecido y sincero. Todos tenían cepillo de dientes eléctrico que además, a regañadientes porque “es un palo”, utilizaban diariamente después de cada comida, por imperativo paternal.
 

En resumen, a medida que la edad baja es más frecuente el uso del cepillo y la pasta de dientes.
 
Los que ya no tienen están obligados a la  total obediencia familiar, les resulta más fácil acudir al dentista una vez al año y que lo paguen los papis.
 

Y los mayores prefieren el combinado de coñac y café, ó sol y sombra, para eliminar bacterias gracias al poder desinfectante del alcohol.

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