PostHeaderIcon Amigo Sancho…

Visité el otro día una de las Basílicas más conocidas de nuestro país. El ambiente era extraordinario. Una serie de fieles, algunos arrodillados, otros sentados, y los menos de pie repitiendo una serie de oraciones con cara de pasión difícilmente igualable.

Otros por el contrario se encontraban haciendo cola para besar un trozo de madera, muy bien tallado por cierto, en forma de figura humana, ajenos al rezo en voz alta de unos metros más allá.

Por último, un grupo guardaba religiosamente el turno para depositar sus monedas en la maquina de encendido automático de velas.

“Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado”  Dijo Jesús dirigiéndose contra la falta de honradez de los que traficaban en el templo con sus mercaderías.

 

No hay duda que los recursos recaudatorios de la Iglesia Católica son variados. Amén de las donaciones de los fieles, disponen de todo un sistema variopinto de ingresos extraordinarios libres de cualquier control fiscal. Dudo que las máquinas de encendido de velas dispongan de extracto de facturación al final del día.

 

Con lo acostumbrados que tienen a los fieles a solicitarles indirectas ayudas económicas, propongo al departamento de marketing del Vaticano una nueva línea de negocio basada en el mismo sistema de encendido automático de velas. El salón de juego Panes y Peces.

 

La ubicación de estos salones no debe suponer ningún problema. Pueden habilitar perfectamente en cualquiera de sus delegaciones repartidas por el mundo, un espacio específico para tal fin. Si algo sobra en las iglesias es espacio.

Un conjunto de máquinas tragaperras perfectamente diseñadas con motivos de la vida de Jesús y los apóstoles junto con colores luminosos mucho más atractivos que las caducas velas, y unas versiones sobre los hits musicales de las grandes celebraciones para atraer a los fieles serían el anzuelo perfecto.

 

Para el público infantil, al que no se debe olvidar, sin duda son el futuro, unas pequeñas variaciones.

Desde el futbolín, católicos contra musulmanes, hasta la última generación de juegos digitales como: “Cruzifixión no gracias“ en los que debes rescatar Jesús, luchando contra el poderoso ejército romano.

 

O crear tu propio medio de comunicación “Palabra de Dios” para divulgar la palabra del mencionado. Aquí los caminos del juego son inescrutables: desde la hoja dominical, pasando por revistas, cadenas de radio o televisión. El juego permite contratar a los periodistas, escritores y famosos del país, y realizar OPAS a  medios de comunicación hostiles. Pero la finalidad no es conseguir audiencia, sino conseguir los mayores ingresos por publicidad. Como premio al ganador: una semana de prácticas en la COPE, al lado de los únicos comunicadores que tienen la verdad absoluta por castigo.

 

Pero para que este magnifico imperio económico se lleve a buen puerto, se necesita la aprobación del Santo Padre; y me da que este señor es mucho más comedido. Sin ir más lejos hace unos días Benedicto XVI dijo: “…el amor al dinero es la raíz de todos los males…”; “… el afán de tener, de poder e incluso de saber desvían al hombre de Dios…” 

Pienso en estas declaraciones y no entiendo nada. Todo ese riquísimo patrimonio tanto en terrenos como obras de arte, muchas de estas de elevadísimo valor económico, hacen del vaticano un discreto centro de poder extraordinario. Justamente lo que él está condenando.

¿Está el Vaticano dispuesto a renunciar a todo esto? Me da a mi que no.

Aunque, comercialmente hablando,  la mayor atracción del Salón de juegos Panes y Peces sería averiguar, en la máquina de la verdad, la respuesta correcta, a la que yo fui incapaz de responder.

¿Cuanto tiempo tardarían en “crucificar” a  Jesús  los actuales directivos de la Iglesia Católica?

 

 

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