Archivo de Noviembre de 2008
Cosas de palmeras
Ella inició una nueva vida. Él se inventó el resto de la suya.
Ella, en su jardín, plantó una palmera a la que cuidó con todo su cariño.
Él se preocupó de que no faltaran lágrimas con que regarla, pues fue para lo único que le quedaron fuerzas. Las lágrimas que derramaba la noche anterior, al menos, sirvieron para algo más que el puro desahogo.
Pasaron los años y palmera creció fuerte y recia. En el rostro de ella aparecieron arrugas. Él se hizo mayor.
Y hoy en ese jardín descuidado y aburrido, hay una palmera alta y recta que todo el mundo mira y admira.
Fueron capaces de conservar vivo su monumento de amor, e incapaces de mantener vivos los sueños de los que tanto habían hablado. Será que la vida no los quería ver juntos, o que ellos no supieron aprovecharse de la vida.
Tan solo una palabra, una sonrisa, aquel abrazo negado cuando más se necesita, hubieran sido suficientes para que hoy, la alta y recta palmera no estuviera sola en ese jardín descuidado y aburrido.
