Se hace tarde
Aquella mañana su agobio con la vida supero lo ficticio, y no encontró mejor remedio a su fracaso que sentarse a escribir en el suelo lo primero que le pasara por la cabeza, mientras el viento le acercaba el resto de las nubes.
Cada surco dibujado era un camino infinito de recuerdos inciertos e imaginados. Cuanto más escribía más se ilusionaba, hasta que el deseo de la nube inundó sus agobios volviéndolo a la realidad de su vida.