PostHeaderIcon Cristal de Murano

Con la llegada del año nuevo echaba un vistazo, en su magnífico escondite privado situado debajo de la almohada, a su bola de cristal de Murano repasando lo que le había deparado el pasado.

 

Ya lo conocía, pero le daba igual. Era un clásico constitucional, y le encantaba revolcarse a partes iguales entre sus desventuras y generosidades.

 

Asumía el presente como una continuación del pasado más cercano, pero… ¿y el futuro?

 

El futuro respondía a la resolución de la ecuación: presente por enigma más pasado, y en caso de que el resultado fuera con decimales, la interpretación correspondería a un profesional del acertijo, con la seguridad de que siempre nos quedará el número Pi para suavizar vicios mayores.

 

 

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