30 años no es nada
Los que nacimos a finales de los sesenta somos una generación a los que nos contaron la guerra civil, no conocimos las cartillas de racionamiento, ni sufrimos la represión franquista, aunque si guardamos algún recuerdo de aquella horrorosa leche en polvo que repartían en la escuela. Algunos años más tarde nos enteramos del mayo francés.
Pasada una década, en junio de 1977 y dos años después de la muerte en cama de Franco, se convocaron las primeras elecciones democráticas tras la dictadura. La UCD de Adolfo Suárez ganó las elecciones, quizás por los miedos y temores de una sociedad a conceder el voto a la izquierda.
El país estaba cambiando, todos en la intimidad eran de izquierdas, en el centro estaba la derecha y una parte de la extrema derecha residía en Alianza Popular. En los hogares evolucionaban hasta los electrodomésticos: ¡la tele ya era en color! En 1975 Valerio Lazarov compró la primera Unidad Móvil para retrasmitir el entierro del Caudillo en Pal-Color y demostrar al mundo que éramos un país actualizado.
En aquellos años no había “frikis”, directamente eran horteras y a la insinuación por parte de algún cantante de su ambigüedad sexual se definía como modernidad. En Madrid nacía un movimiento musical que marcaría a más de una generación: La movida. Y mientras Lorenzo Santamaría y Victoria Abril grababan un tema “Tú eres” creando los fundamentos de lo que luego sería Pimpinela, Javier Gurruchaga y la Orquesta Mondragón se adelantaban a la aparición de los Sex Shops editando un disco que llevaba por título “Muñeca hinchable”
Esteso y Pajares corrían en sus películas detrás de mujeres con los pechos al aire, era el momento del destape, mientras que Pedro Almodovar trabajaba en el guión de su primera película: “Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón”. En la calle comenzaban a sonar palabras como divorcio y OTAN.
El 3 de abril de 1979, los ciudadanos volvían a pasar por las urnas, esta vez para elegir su administración más cercana: eran las elecciones municipales.
Enrique Tierno Galván, Julio Anguita, Ramón Saiz de Varanda, Narcís Serra, fueron algunos de los miles de candidatos que tras las elecciones municipales se convirtieron en los primeros alcaldes democráticos después de cuarenta años de dictadura.
La sociedad creía que la democracia estaba ya consolidada, más tarde nos dimos cuenta que no era así, pero el país supo salir adelante demostrando una madurez difícilmente imaginable unos años antes.
Ahora se cumplen 30 años de aquellas elecciones municipales y nada tiene que ver aquella sociedad con la actual, aunque algunas cosas no cambian, la gente de la calle mantiene la misma opinión sobre la clase política.
No es de extrañar viendo las actuales corruptelas. Aquella frase de obligada repetición en los mítines de “podemos meter la pata, pero no la mano” ha caído en el olvido para algunos. No estaría mal por parte de todos, los partidos primero, que hiciéramos una profunda reflexión sobre el tipo de perfil que deben tener los candidatos.
Pocos políticos quedan en primera línea de aquella época, los herederos de aquellos “aventureros” y las nuevas generaciones son los encargados de conducir nuestros municipios por el mejor camino con los argumentos democráticos que entre todos hemos conseguido consolidar, aunque algunos renieguen de ellos.
Si a la inteligencia le unimos la experiencia, que menos que agradecer a todas aquellas personas que desde un punto de vista prácticamente altruista iniciaron, continúan y continuarán dedicando un importantísimo esfuerzo a trabajar por el bien de la sociedad. Sin duda significa que su labor es vocacional y en los tiempos que corren de admirar.
Debemos felicitarnos por demostrarnos a nosotros mismos y al resto del mundo que, durante estos años hemos sabido afianzar la democracia ante las muchas dificultades surgidas, sin olvidar a todos aquellos que mantuvieron la ilusión, en forma de sueños de dignidad y libertad, de volver a ser un país democrático.