Archivo de Octubre de 2009
Melchor, Papá Noel y el Conseguidor
A finales de los años setenta, Televisión Española emitía la tarde de los domingos el programa Fantástico.
Presentado por José María Iñigo, el programa era un “magacine” de los que ahora denominamos “contenedor” porque incluía varias secciones, todas ellas inconexas entre si, en las más de tres horas que duraba.
Una de aquellas secciones, llevaba por nombre El Conseguidor.
Un individuo (actor del que disculparan no recuerdo su nombre) tenía la imposible misión de convertir en realidad los sueños que los espectadores tenían. En aquellos años las peticiones se hacían por carta.
Recuerdo la bicicleta, con su amplio surtido de recambios incluidos, que le regalaron a un niño, pues era el único medio de transporte viable para poder desplazarse a la escuela.
En otro programa recuerdo a un señor al que le dieron una ordeñadora automática, igualita a la que utilizaba el lechero donde yo cada tarde, después de salir de la escuela, iba a comprar la leche.
El Conseguidor era una especie de Rey Mago, o Papá Noel, pero con menos glamour. Sus vestimentas desde, mi aquel punto de vista, resultaban un punto extravagantes rozando lo ridículo. Entiendo que para dar credibilidad al personaje dentro de la audiencia más menuda, porque a según que edades ya no colaba.
¡Cuanto ha cambiado el país en estos años! Hemos pasado del Conseguidor vestido con harapos, capaz de abastecer desde bicicletas a ordeñadoras automáticas, al Conseguidor con traje y corbata sobradamente capacitado, y sin varita mágica, para convertir en euros gracias a sus contactos políticos, contratos de obras con ayuntamientos, recalificaciones de terrenos, entrevistas con políticos de otros países, etc, más todo un festival de complementos, para acudir a las exclusivas fiestas con los mejores cuerpos tuneados o recauchutados, para el goce y disfrute de los placeres carnales.
En los últimos meses descubro que la profesión de Conseguidor se encontraba en un perfecto equilibrio entre la discreción y la consolidación. Pero amigos… todo tiene un final y de pronto apareció en escena otra figura del pasado… El Juez Campeador, que ayudado de las nuevas tecnologías, es capaz de tirar de la manta sin que los que permanecen encima ella se enteren de lo que está (y estaba) pasado a sus pies, y mucho menos les afecten las motas de polvo que se puedan desprender de tan sorprendente como necesaria limpieza.
No sé en que quedará todo esto. La clase política hace años que está dañada y la herida no deja de supurar. De no producirse una profunda reflexión con máximo nivel de crítica y autocrítica por parte de todos los implicados, y salpicados hasta la última fila, es muy probable que el recuento electoral en las próximas elecciones, se termine mucho antes de lo esperado.
Momentos acuáticos
Paseó su enfado durante dos horas y sus noches, pero resultaba imposible librarse de los miserables acordes melódicos que se repetían en su cerebro una y otra vez.
La canción que agitó sus sentimientos adolescentes, se convirtió en una desesperante persecución que le impedía pensar en nada.
Con el agua hasta la cintura, meditó durante unos segundos sumergir sus pensamientos en el mar, pero ni hizo falta.
Al final lo había conseguido. Sus dudas superaron una vez más, a la canción del verano de 1980.