Archivo de Octubre de 2009
Paseó su enfado durante dos horas y sus noches, pero resultaba imposible librarse de los miserables acordes melódicos que se repetían en su cerebro una y otra vez.
La canción que agitó sus sentimientos adolescentes, se convirtió en una desesperante persecución que le impedía pensar en nada.
Con el agua hasta la cintura, meditó durante unos segundos sumergir sus pensamientos en el mar, pero ni hizo falta.
Al final lo había conseguido. Sus dudas superaron una vez más, a la canción del verano de 1980.