En algunas ocasiones los responsables políticos toman decisiones que nos resultan incomprensibles a primera vista. Asimilados los razonamientos en frío, llegamos a la conclusión que el silencio por respuesta hubiera sido la mejor argumentación.
Análisis y teorías envueltos en una perfecta oratoria por parte de sus señorías, o directores generales, o por el subsecretario de turno, etc, no impiden que una parte de los ciudadanos adopten la postura de aparente indiferencia ante lo visto y oído, guardando sus argumentos en forma de voto, para las próximas elecciones.
El cine está en un momento difícil y se deben tomar decisiones coherentes. La nueva Ley está siendo criticada por un grupo de profesionales del séptimo arte al no compartir los diferentes criterios para otorgar las subvenciones. Uno de los puntos de la discordia dice así:
“La concesión de ayudas se realizará en función de un sistema de puntos que premiará, entre otros criterios, la originalidad, la calidad o la viabilidad cinematográfica”
Originalidad, calidad y viabilidad económica, en un proyecto cinematográfico, son términos muy difíciles de evaluar. Entendiendo que debe resultar todavía más complicado para gente que no pertenece al sector, y que ha llegado a este por rocambolescas carambolas, aumentando el grado de desconfianza ya existente.
Lo que para unos es una idea original, para otros puede ser una horterada. ¿Cómo definimos calidad?: ¿en formato?, ¿en medios técnicos? ¿Y la viabilidad? Algunas de las mejores películas españolas han hecho unas taquillas ridículas.
Pero el problema principal radica en el primer folio del proyecto, el correspondiente a: nombre, apellidos, (familiares y amigos próximos) de quien/es lo presenta/n. Ejemplos sobran.
Este país nunca se ha tomado en serio la industria audiovisual como un sector industrial. Nos hemos acostumbrado a vivir se las subvenciones, basados en la idea de que el cine es cultura, con la que estoy absolutamente de acuerdo porque además es verdad. Pero de aquí, a que una parte del sector viva del dinero público, produciendo películas que no se llegan ni a estrenar, hay una gran distancia. Por no hablar de los derroches económicos sin sentido durante los procesos de producción y rodaje.
Con la nueva ley, Europa para las subvenciones hasta nuevo aviso. En momentos de crisis es la mejor noticia para el sector. Los políticos sabían que si modificaban la ley (que se debe modificar) habría lío, pero les da igual, ellos cobran a final de cada mes. En cambio los eléctricos, técnicos de sonido, maquilladores, actores de reparto, etc, lo tendrán más difícil el próximo año.
Decía al principio que los políticos toman decisiones que nos resultan extrañas. Si añadimos a la extrañeza el momento equivocado, los directores y productores de cine no pueden menos que preguntarse:
¿Qué he hecho yo, para merecer esto?
El sector está en un momento muy complicado (como todos), y este tipo de actuaciones por parte de sus responsables no ayuda.
Sabemos de donde se viene, pero no tengo claro que se sepa donde se quiere llegar.
En este país todo lo que no sea ladrillo es ciencia ficción.
Señor Morán, señor Morán, suba a la primera planta.
(Repetía una voz femenina por los altavoces)
Señor Morán, señor Morán, suba a la primera planta.
(Volvía a repetir la voz)
Señor Morán, por favor bájese del ficus.!
Fue un chiste muy popular en los años ochenta dedicado a D. Fernando Morán cuando éste era ministro de Asuntos Exteriores.
Nunca entendí la razón por la que la tomaron con él. En algunos círculos se comentaba que respondía a su condición de “títere” dentro del gobierno. Otros por la imagen de indiferencia que trasmitía. En fin opiniones para todos/as.
Este país es así: “más vale caer en gracia que ser gracioso”. Aunque esta gracia sirva en algunos casos, también para menospreciar e insultaral/la/los/lassupuesto/a/os/asgracioso/a/os/as.
Hacía meses que se rumoreaba la dimisión del que hasta hace pocos días era el director del Ente Radio y Televisión Española, el Sr. Luís Fernández. Los rumores después del verano fueron ganando peso, hasta que con el paso de las semanas se confirmó la noticia que el día 23 de noviembre abandonará su cargo.
Luís Fernández fue el primer ejecutivo que llegó a la dirección de RTVE por consenso de las fuerzas políticas.
Hay que reconocer sus méritos. Entre otros consiguió que los informativos de TVE fueran considerados los más neutrales de toda la época democrática, convirtiéndolos a su vez en líderes de audiencia y de reconocimiento mundial (TV News Award. Telediario 2, mejor telediario del mundo).
También dejó algún agujero negro, permitiendo la producción y emisión de esperpénticos programas como Mira quien Baila, pagando increíbles cantidades de dinero a sus colaboradores más ilustres.
Alberto Oliart ex ministro de Industria, Sanidad y Defensa durante la transición, asumirá el impresionante y difícil reto de dirigir uno de los mayores grupos de comunicación a nivel mundial. Elegido también por consenso de las dos mayores fuerzas políticas del país, su designación no ha dejado indiferente a nadie.
No hay dudas sobre su capacidad intelectual, de trabajo y sinceridad profesional. Y esta última cualidad de decir la verdad, es la que ha sembrado razonables dudas, al declarar que no tiene ni idea de televisión.
Ignoro la relación que durante los últimos años ha mantenido con el sector radio-televisivo, y sí está al corriente de las numerosas transformaciones (producción, realización, distribución, nuevos formatos, contenidos, etc.) que ha sufrido el medio. La impresión, si hacemos referencia a sus declaraciones, es que no.
El plan de saneamiento de la televisión pública (ERE) permitió jubilar a profesionales con 52 años, cuando la gran mayoría se encontraban en el mejor momento de sus carreras. El hecho de que el nuevo director tenga 81 años y reconozca públicamente sus nulos conocimientos sobre el sector, no invitan al optimismo.
Esperemos y quiero pensar que Alberto Oliart, aportará algo más que un nombrey no tengamos que escuchar la invitación a bajar del ficus.
Noviembre 16, 2009 at 8:15 pm · Clasificados en PASA PUES!
Leo el fin de semana una carta publicada en un semanario local. Como no doy crédito a lo publicado, vuelvo a leerla, no sea que por una mala interpretación, mi primera impresión sea equivocada. Nada más lejos de la realidad.
El escrito es una crítica a un miembro del equipo de gobierno (local), haciendo referencia directa en el título de la carta, a la profesión del regidor.
Continuando la lectura, el autor recrimina la no asistencia a un acto, (sí hacemos caso al título, no en representación del cargo político que representa) ocurrido hace más de cinco meses.
En este país se negó el derecho a la información durante mucho tiempo. Después de no sé cuantos años de democracia, algunos responsables de medios de comunicación dan la sensación de no haber aprendido nada.
Interpreto que para este semanario, publicar un escrito sobre un tema, ocurrido hace varios meses, debe resultar de máxima actualidad e importancia. Sin duda el libro de estilo de la publicación debe ser de lo más interesante, ó en su defecto se lo pasan por el arco del triunfo.
Por ello me surgen algunas preguntas de complicada respuesta profesional:
¿Qué pensaría el señor director de un medio sí este post lo titulara
Carta al padre de familia Sr. ….?
¿Qué sentido tendría este post sí lo publicara en verano?
A no ser que fuera dentro de la sección: Ocurrió hace…
¿Se ha leído el escrito antes de publicarlo?
La peor crítica que puede darse a un medio de comunicación es su falta de rigurosidad a la hora de contrastar las informaciones, y criterio a la hora de seleccionar los textos. En definitiva carecer de profesionalidad.
Quiero entender que es un hecho aislado. Somos humanos y por ello todos nos equivocamos, pero sinceramente, no es tan difícil, antes de tomar una decisión, dedicar unos minutos a la lectura y posterior reflexión.
Hablaba antes de lo difícil que le resultó a este país conseguir también el derecho a la información libre. Desde mi modesta aportación lo defenderé siempre que pueda. Ahora, siempre seré crítico con lo dicho, publicado ó emitido que no cumpla los mínimos éticos de la profesión periodística.
Sobre el personaje que firma la carta… Mejor dejémoslo, sin comentarios, pues se ha calificado a si mismo.