El jueves 14 en el programa matinal de la Televisión Autonómica Catalana (TV3) preguntó a los espectadores que opinaban sobre la presentación de la candidatura de Barcelona a los juegos de invierno de 2022. El 70% de los que participaron no respaldaron la propuesta.
Evidentemente estos datos no corresponden a una estadística oficial, es más anecdótica que otra cosa, pero a buen seguro no caerá en saco roto para los asesores electorales del alcalde, aunque sus comentarios en voz alta no pasen de la intimidad de los despachos.
Jaca intenta conseguir ser sede de los juegos de invierno desde al año 98. Hay que recordar que cuando Barcelona presentó su candidatura a las Olimpiadas del 92, Jaca renunció a presentar la suya para no interferir en la elección de la ciudad condal, aplazando su candidatura para una siguiente ocasión.
De las actitudes que pueden desacreditar más a una persona, independientemente de su capacidad profesional, son sus formas. En este caso el alcalde de Barcelona se ha retratado, mostrando una imagen para algunos barceloneses y prácticamente para toda la sociedad aragonesa nada favorable.
Pero el problema va más allá. La forma en que se dio a conocer la noticia, también ha creado malestar entre los alcaldes de las ciudades aragonesas, Jaca, Huesca y Zaragoza, que para mayor descortesía, pertenecen al “mismo partido” político y se enteraron por los medios de comunicación.
Barcelona como cualquier otra ciudad tiene todo el derecho a presentarse como candidata a lo que crea más interesante para beneficiar a sus ciudadanos, pero no sé a que responde toda esta movida, en formas, aunque la imagino. Lo que si ya ha conseguido es crear un malestar y “enfrentamiento”, entre una parte de ciudadanos aragoneses hacía Cataluña, y que sin duda aprovecharan los de siempre, para intentar aumentar sus pobres resultados electorales.
No sé sí como dice la serie de televisión “sin tetas no hay paraíso”, pero tengo claro que “sin formas, se termina por perder el respeto”.