PostHeaderIcon Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate.

Raúl Castro, “el hermanisimo”,  ha decidido romper el monopolio estatal de la belleza en Cuba. En próximas fechas una parte del millón de empleados que el gobierno tiene en nómina en peluquerías y salones de belleza,  pasarán de cobrar un sueldo fijo a final de mes, a gestionar directamente cada unidad de negocio. Pagando desde ese momento, alquileres y también impuestos. Los que no acepten la propuesta serán jubilados, o bien recolocados en otros puestos de trabajo.

 

Al parecer esta es la solución más interesante que han encontrado los mandamases cubanos para moderar los gastos del gobierno, y el fraude que algunos de los empleados realizaban al desviar trabajos a sus casas particulares. (Me suena esto)

 

Esta es una de las primeras medidas que en otros sectores, hasta ahora también en manos del gobierno, se producirán en los próximos meses.

 

Las grietas de la revolución se hacen cada día más grandes, y por ellas intuyo la aparición de un nuevo capitalismo que invadirá, por los poros, a la sociedad cubana.

 

El revolucionario cubano ni se crea ni se destruye, sólo se transforma de funcionario a empresario.

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