Sin ánimo de generalizar, no está de más reconocer que muchos ejecutivos que desarrollan o han desarrollado su carrera profesional en empresas públicas, hubieran hecho un gran favor a este país, si su honestidad y ego les hubiera permitido rechazar el cargo.
De todos aquellos que participaron en la decisión de suprimir la publicidad en TVE, cuesta entender que ninguno planteara la dudosa viabilidad financiera que a corto plazo suponía una medida de estas características. Aunque no hay duda que tal decisión, no fue fruto de una brillante iluminación momentánea, sino consensuada tras muchas, muchas, muchas y largas reuniones.
Los de antes, por intentar proteger un mercado publicitario atomizado y favorecido por ellos mismos, le clavaron el estoque. Y los de ahora, con todo de cara y a favor de sus intereses, la esperan en el burladero preparados para el descabello, porque esta corrida no acepta el indulto como fin de fiesta.