El mundo desde Boltaña
Relatos, cuentos, paranoias y otras ideas absurdas ó no.
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Agosto 30, 2010 at 4:23 pm · Clasificados en MICRORELATOS
Llegaba tarde y la demora no fue causa de la espera en el paso a nivel sin barrera mientras el interminable tren de la antigua compañía platanera desfilaba por la vía a velocidad constante y discreta.
Sentado en la terraza del bar panadería restaurante lo esperaba. Intentó acelerar el paso desde el coche, pero tal era el calor, que cualquier esfuerzo por mínimo que fuera suponía una extraordinaria fuerza de voluntad que ya no se encontraba a su alcance.
Aureliano tomó un zumo de guayaba y el camarero sirvió otro pero con agua y dos cubitos de hielo ante la mirada de complicidad del primero, mientras un grupo de militares bien armados descansaban sentados en el banco bajo el árbol delante de la iglesia.
Hablaron de todo, pero sobre todo de lo peligrosos que son los animales heridos. Concretamente de los gorilas que hablan y de su miedo a perder el poder sobre la manada cuando se ven acechados por otros animales capaces de ejecutar hasta las últimas consecuencias sus discursos.
Se prometía un futuro incierto y a la vez tranquilo.
Terminó la misa. La gente alegre y con ganas de conversar formó grupos de tertulia que incluían desde los más mayores a los más jóvenes, todos bajo el denominador común de lucir sus mejores galas. Los militares terminaron su descanso. Aureliano aprovechó para saludar a Darío el Negro, su amigo desde hacía más de cien años, y preguntar por la nieta de su nieta.
Unas mariposas amarillas revoloteaban alrededor de la mesa. Se acercó la niña de los ojos verdes y pestañas naranjas recordando a Aureliano que era la hora mágica y debían salir a sembrar estrellas cuando terminara su jugo de guayaba.
Junio 17, 2010 at 11:12 am · Clasificados en MICRORELATOS
Insistió una vez más con el teléfono. Su única respuesta era el tono de llamada. Así de sencillo y así de triste.
Escribió un correo. Esperó. Escribió otro y otro, y otro. Muchos, La pestaña de recibidos continuaba igual, en blanco. Su intuición no le aventuraba un futuro distinto.
Conjugando la mirada entre la pantalla del ordenador y la pantalla del teléfono móvil el tiempo pasaba. Inmóvil en su silla ergonómica espero en compañía de la ilusión.
Por fin sonó el teléfono. No tardó ni un segundo en contestar a pesar de que el número era desconocido.
La voz pregrabada solicitando respuestas a un servicio de telefonía móvil no era la llamada que esperaba. Pero necesitaba hablar con alguien, aunque fuera él quien debiera dar las respuestas. A todo contestó que no. Un no, que no correspondía ni por asomo, a las preguntas formuladas, pero con alguien o algo, debía descargar su incontrolada serenidad.
Sonó el aviso de correo entrante. El remitente era el que esperaba. Dudó unos instantes el abrirlo por miedo a leer la evidencia.
Pulsó con el botón izquierdo del ratón en el icono de abrir correo y leyó. Volvió a leer. No quiso entender nada, aferrándose a su particular interpretación absolutamente fuera de lugar.
Era la comprobación de que todo lo imaginado era eso, imaginaciones. Imaginaciones tan inseparables como fundamentales para olvidar lo soñado y afrontar, no sin esfuerzo, su maravilloso futuro inmediato.
Octubre 23, 2009 at 8:27 pm · Clasificados en MICRORELATOS
Paseó su enfado durante dos horas y sus noches, pero resultaba imposible librarse de los miserables acordes melódicos que se repetían en su cerebro una y otra vez.
La canción que agitó sus sentimientos adolescentes, se convirtió en una desesperante persecución que le impedía pensar en nada.
Con el agua hasta la cintura, meditó durante unos segundos sumergir sus pensamientos en el mar, pero ni hizo falta.
Al final lo había conseguido. Sus dudas superaron una vez más, a la canción del verano de 1980.
Septiembre 4, 2009 at 12:08 pm · Clasificados en MICRORELATOS
No era una relación muy normal y pesar de que estaba lloviendo y brillaba el sol, se preguntaba como había llegado a esa situación.
El cristal de la ventana estaba demasiado sucio para ver más allá del presente, mientras imaginaba que haría si no resolvía las diferencias existentes. Las dudas, como casi todo en esta vida, son relativas y no responden a las leyes básicas de la física.
¿Cómo puede llover y brillar el sol a la vez?
Cerró la puerta del portal.
Caminó con paraguas en alza, evitando los charcos e ingeniando como conjugar los sentimientos, las dudas y sus inseguridades.
Dio la espalda a la vida girándose en sentido contrario al camino que hasta entonces llevaba la tormenta primaveral, mientras murmuraba mirando al cielo.
¿Quién ha de resolverlo ahora? Se preguntaba una vez más.
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